NO HABRÁ PAZ PARA LOS VALENCIANOS

                                                                           
Durante las últimas semanas, en foros y redes sociales de la Comunidad Valenciana, son apreciables los primeros movimientos relacionados cara a las próximas elecciones. Las más inmediatas, las municipales del año 2023, en Valencia ciudad, están consideradas como punto de partida para desbancar del gobierno a Compromís y resquebrajar así los pilares que dirigen la comunidad. Para ello, han emergido diversas opciones políticas. En primer lugar está el movimiento valencianista, cansado que desde Madrid se menosprecie constantemente la solidaridad y el aporte de los valencianos. Y, por otro lado, están esos nuevos partidos de tirada nacional que han logrado consolidar su confianza entre los españoles, con fundamentos populistas y un marketing bastante rancio. Estos últimos, y más en concreto en la Comunidad Valenciana, esperan sacar un gran rédito de sus votantes, quemados y cegados tras ver que los actuales dirigentes valencianos están mancillando, a pasos de Gulliver, la historia y cultura valenciana.
El caso es que, centrándonos en el movimiento valenciano, desde hace un par de años se viene conjurando una unión entre diferentes partidos, con la única intención de alcanzar la fuerza suficiente para desbancar a esos políticos que firmaron el Acuerdo del Botánico (con su consecuente oscuro trasfondo de gobierno), para así devolver el poder y la dignidad al pueblo. Y aquí me centro, porque a pesar de que esas siglas políticas, que pretenden bregar bajo el mismo escudo del Regne y Les Normes del Puig, son apreciables las diferencias que existen para llegar a generar una marca que sea capaz de arrastrar y levantar el sentimiento del ciudadano. En estos casos, siempre suele ser lo mismo: nombre, número, la foto más bonita de la lista y, sobre todo, lo más triste, la lengua. Estoy bastante harto de ver a valencianos menospreciar a otros valencianos por el simple hecho de hablar el castellano; e incluso, de valencianos recriminándose mutuamente que no saben escribir bien el idioma, por el único hecho de pertenecer a Alicante, Castellón o Valencia. Seamos sinceros, tenemos lo que tenemos porque ha habido mucha intromisión cultural debido a esos políticos que nos engañaron y vendieron. No es cuestión de que un ciudadano hable o escriba mejor que otro. Es cuestión de sentimiento valencianista, de empezar a querer cambiar las cosas antes de que sea demasiado tarde, porque todavía es posible y está en nuestra manos.
La solución es evidente y pasa por la hermandad, el respeto, la concordia y, evidentemente, la unión. Sin ella, siempre habrán políticos en España con intención de aprovecharse de la Comunidad Valenciana y, por tanto, nunca habrá paz para los valencianos.
Xavi García
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta